
Quiero encontrarme en todas tus maldades,
saber del arco iris que tejes para amar.
Luego escondernos encima de una estrella,
cantarnos los secretos, / hacerte cuento o qué sé yo.
Santiago Feliú
Por:Julio César González Dóminguez
Lo conocía solamente por teléfono. Su mamá es mi amiga y de ahí vino un día, ya ni me acuerdo cómo, un saludo telefónico y a partir de ahí hablamos casi diariamente. Tiene 4 años y medio y es el dueño de los perritos del arcoiris. Hace poco, tuve la oportunidad de compartir con él un fin de semana completo. Fuimos juntos a la playa, leímos cuentos, paseamos por el zoológico, compramos helado. Cuando me vio, me dio un abrazo y luego le preguntó a su mamá si yo era Julio César, su amigo telefónico. ¿Es él, mamá? ¿Es él? Yo había visto fotos suyas, quién sabe cómo me había dibujado en su cabecita de infante mientras hablaba conmigo a lo lejos. Tiene problemas con el lenguaje aunque desde que lo conocí a la fecha ha progresado notablemente. Ya puedo seguirlo en conversaciones más largas sin tener que pedirle que repita, algo que realmente me apenaba bastante. Resultó ser todo un personaje. Para dormir, su mamá tiene que leerle o contarle un cuento. El peor castigo es precisamente decirle que no habrá cuento para dormir. Que le lean libros es reclamo repetitivo, me imagino que le encantará aprender cuando empiece la escuela, pero para eso todavía debe esperar un año. Es un niño muy sociable y muy cariñoso. No tiene distinciones para acercarse a la gente, pueden ser adultos, niños o niñas. Se encariña con mucha facilidad, es totalmente abierto a los demás.
Tiene en su carácter una cualidad que se ve poco. El ser humano es por naturaleza egoísta, tiende a reservarlo todo para sí, y cuando se es niño se quieren todos los caramelos, los juguetes, los presentes. Sin embargo, Carlos Enrique es todo lo opuesto. Su mamá dice que no tiene nada de él, que tiene que vigilarlo porque lo da todo con mucha facilidad a los demás y no es precisamente un niño que pudiéramos decir es privilegiado en cuanto a estilo de vida en base a las posibilidades económicas de su familia. Cuando ofrece, realmente ofrece de lo suyo lo único que tiene. Sin embargo, con él sí funciona esa máxima del pensamiento hindú que reza que todo lo que no es dado, es perdido. Como ofrece tanto, le llega mucho. Es dichoso para los regalos, el Universo le devuelve lo que da con tanto desprendimiento infantil. No tiene edad para filosofar ni para saber que es bueno compartir, simplemente tiene la virtud de despojarse por la felicidad de otros.
Una de esas tarde que compartimos él estaba incómodo porque quería irse ya para su pueblo, extrañaba su casa, sus abuelitos, su cama. El regreso a esa hora era imposible y él protestaba y lloraba, incapaz de comprender. De pronto, vio un puesto de churros y se antojó de ellos. Como era cerca de la hora de comida, su mamá no quería comprarle pero mi hermana logró convencerla que lo mejor era en ese momento ceder. Casualmente los estaban friendo, así que su ansiedad y su carita expectante tuvieron que esperar unos minutos. Al final, salió complacido con un vasito desechable de churros azucarados. Nos dio uno a todos, quisiéramos o no y sin que nadie lo pidiera. Iba caminando delante de nosotros, absorto en su comida, y así pasamos por un parque. Un señor que estaba en un banco quiso hacerle la broma cruel que se le hace a los niños de pedirle algo con lo que lo vemos embelesado y para su sorpresa, con una naturalidad espantosa y una calma tan limpia como su ofrecimiento, le alargó la mano con su vaso de golosinas. Era un desconocido y no le ofrecía uno, le estaba dando el vaso completo. Los papeles se invirtieron, el sorprendido entonces fue el adulto que amablemente tuvo que admitirle que su pedido no era en serio. Lo último que hizo, según me contaron, fue que le regalaron dos globos lindísimos y estaba con ellos en el portal de su casa, pasó un niño, quiso uno y él se lo regaló. Eso fue hace unos días.
A veces nos sentimos privilegiados de tener amigos sinceros, buenas personas, gente que vale y brilla. Yo tengo 38 años y Carlos Enrique tiene 4 y medio. Quizás sea inverosímil lo que voy a decir pero me siento orgulloso de tener un amigo como él, con esa rarísima virtud de dar sin antes sacar cuentas.
Ellos son así de ocurrentes Vivi…, te pongo una anécdota sobre el mayor de mis hijos cuando tenía esa edad…
…Es tarde de verano intenso en el patio de mi casa. Aprovecho para librarlo de tarecos inservibles protegiéndome del sol abrasador bajo la mata de guanábana. Conmigo, mi hijo de 5 años que juega con un palo. En el cielo intensamente azul y despejado de nubes la línea blanca que deja un jet que cruza muy alto por el corredor permitido a los viajes transoceánicos. Le señalo a mi hijo hacia lo alto y le digo: Mira, un avión… Observa con detenimiento como si quisiera descubrirlo a 30 000 pies de altura y me dice con total seriedad:
– Papá, ese avión tiene tiza en los motores…
Vivi, ya no podré volver a referirme a Carlitos como ¨el pequeño Carlos¨; porque desde que lo conocí, descrito por tu amigo Julio César, lo sé inmenso. Haz hecho un gran trabajo amiga, ya estaba seguro de eso. Bueno, me tendrás tambien por aquí siguiéndote, y todos los zoomberos.
No lo creas un angel, tampoco..que hace muchísimas trastadas, se porta mal, me vuelve loquísima, la última que se tiró es de risa y de matarlo…en estos momentos ando con un tratamiento de fumarato ferroso, pues tengo anemia y ya sabes como responde el “cuerpo” a eso. Estaba limpiando el balcón y el estaba “ayudando” una vecina desde abajo alabó que me ayudara y el le gritó:
– Mi mamá está enferma, tiene la “caca” negrisíma….
No supe si reirme o llorar….ver mis intímas defecaciones tan expuestas…jajaja
Vaya Vivi, que equivocación la mía…, pensé que te escudabas en un seudónimo porque amor hay de sobra en lo que dice Julio César y yo sé bien cuanto amas a tu niño… Es de nobles destacar virtudes y él lo logró con creces… Amigos así son como dice Calviño los que “valen la pena”…, los felicito a ambos por haberse conocido y andar además por el hermoso camino de las letras…
Amigos como tú…valen la pena, que lo que casi nadie sabe es que eres mi amigo más antiguo de la web, desde antes de ser mamá, cuando era una inquieta Lolita y tú un ser mórbido y como hasta ahora halagador. No te olvido aunque a veces lo haga.
Todo lo que no es dado se pierde en el delta del Ganges.
Om.
La paz de los niños es la paz de los hombres, el rito sagrado del Dharma. Bendecidos los ā-śrama…
Dichosos los que aún les queda algo de niño, porque de ellos será el reino de los cielos.
Dichosos los que aún cuando no tengan un niño (aunque tenga 60 -el niño-), los amen, porque de ellos será el cielo, la tierra prometida y hasta el Edén perdido.
Dichosos ellos, que con solo una mirada, nos ponen a los pies el verdadero cielo que es la tierra que ellos pisan.
Vivi…, me encantó tu relato. El niño crecidísimo…, virtuoso como tú… Duda me brindó el link y yo “como Juan que se mata”… No me sorprendió el texto porque en fin…, escribió tu corazón.
Bueno Basi querido, el texto no es mío- es de un amigo Julio César, al que ambos queremos mucho- el chico sí…es de las tantas cosas en las que las mujeres no tenemos dudas. Es mío, aunque no de mi propiedad.
Para un príncipe enano…
Carlitos va a crecer, a cambiar, a ser permeado por las vicisitudes de la vida, pero siempre será un ser humano especial si desde ahora tiene la virtud de compartirse.
Un beso de una desconocida, y unas letras a vuelo de gorrioncito:
tiene el sol en la cabecita
la paz en la sonrisa
tiene un ángel a su lado
y la increíble condición de ser alegría
encamina pasos de gigante amable
la tierra será su casa
y el amor su universo.
Gracias Duda por tus versos, a Carlitos le nace compartir y yo me alegro, aunque a veces me aterro. Hay cosas que lamentablemente no deben compartirse y a pesar de todo me hace feliz que el no lo sepa, aunque rejoda.Su abuela, mi madre, da continuamente, de ella nos viene el desprendimento.Es algo, que arrastro conmigo, no por gusto el pensamiento de mi Tesis de Grado fue de nuestro Martí: “Por todo lo que se recibe se ha de dar algo, así como también es cierto que por todo lo que da, aunque no lo parezca; siempre se recibe algo”.