Carta perdida

 

Tú:

…y si quieres también, puedo ser tu estación y tu tren…

 

Inicio mi carta con la letra de una canción, que sé te gusta mucho, tal vez escribiendo la letra ahorraría mil palabras que al final dirían lo mismo……y si quieres también puedo ser tu noche y tu día…. pero seré yo con mis palabras que pueden llegar a ser incoherentes, la que te diga que no me equivocaba al pensar que no iban a ser fáciles los millones de horas que vendrían sin ti, y de nada tengo que arrepentirme a no ser no haberte conocido 100 años atrás o de ser tan grande que no pude perderme en tus ojos y tan pequeña que no pude quedarme cerca de ti, en tu bolsillo.

Te amé desde la primera palabra, como solo se es capaz de amar, cuando sabes que no podrás tener nada y tenerlo todo, me perdí en tu cuerpo aquella única noche maravillosa en la que no debió salir el sol; entre tantas cosas en las que se me va la vida: el mar, la noche, una botella de vino y tú.

Y para que todo hubiese sido perfecto, debí haberte dicho la verdad. Debí ser Yo y no la valiente que crees que soy, la amiga ideal y perfecta, la que sabe todo lo que no quiere saber y te ama con tu intolerancia, tu escualidez y falta de delicadeza.

Es cierto que a veces te odio como si pudiera odiar más de lo que amo y es una mascara  para mis celos y deseos inconclusos de ti. De tenerte tan cerca, de tocarte con un falso descuido y mirarte, escucharte…!me gusta tanto!

Es cierto ya no soy una niña, ni siquiera puedo alegar la inestabilidad de la adolescencia, soy una mujer con todo el control y dominio de mis facultades, una mujer que aún sabiendo que no puedes amarme, no dejo de creerme Sabina y sigo susurrándote sin que puedas oírlo….

….y si quieres también puedo ser tu trapecio y tu red, tu adiós y tu ven, tu manta y tu frío…o tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra, a la orilla de la chimenea a esperar a que suba la marea……….

 

Vivian

 

4 thoughts on “Carta perdida

  1. Es la vena del amor tormentoso, su cara doble, su postura de torturador morboso. Es la faceta del amor que nos hace querer y odiar al mismo tiempo, que nos entierra un ápice de masoquismo, que nos obliga a querer quedarnos con ganas de huída.
    Nadie escapa a esto al menos una vez en la vida. Nadie escapa a entregarse desenfrenadamente a quien no debe.

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