Tengo una amiga que a veces se cree loca. Se inventa fantasmas para poder vivir. Al cabo de un tiempo es que sabe que ellos no existen y como “Sexto sentido” sólo ve lo que quiere ver, aún no sabe que en su caso está viva y precisa de seres reales. Su mente no está a tono con su vida, ella sueña con delicadezas, con la ternura que se desborda e inventa historias que muchas veces solo anidan en su mente. Es capaz de cambiar la realidad y volver día la noche de la amargura. Luego vuelca los recuerdos y la caricia más pequeña toma fuerza de huracán y lo trastoca todo. Y luego cuando la cordura llega, le cuesta discernir entre lo real y lo imaginario. Y es que mi amiga tiene mucho para dar, es un caudal de palabras, canciones; versos y detalles. Ella quiere darlo todo y la mayoría de las veces no recibe nada a cambio. O sí, pero su afán de inmensidad es tanto que le cuesta darse cuenta de que a veces sí recibe, sí es complacida y que todos no son como ella.
Por eso los fantasmas aparecen cada cierto tiempo en su vida, llegan camuflageados en cuerpos de hombre, ardientes unas veces, temerosos las otras, complicados la mayoría. Y no aprende a vivir el momento, la semana; las horas. En su afán de dar y dar, se pierde todo lo que puede recibir. Dice siempre no esperar nada, y se miente continuamente. Es una ventosa absorbente, quiere para sí todo eso que ella da desinteresadamente.
Y es que la magia del dar, reside precisamente en el trueque de lo justo. Mi amiga puede enamorarse en un par de días y llorar por un amor del que apenas reconoce pequeñas cosas. Ella está sola y en un pequeño gesto de amor o amistad, ve el cielo abierto a la posibilidad de soñar.
Y los fantasmas aparecen con gestos transfigurados y dan miedo, miedo al absurdo; a la verdad. Y se recrea en el dolor como sí en ello se le fuera la vida. Ella lo entiende, lo comprende y se promete cerrar su caja de pandora y botar la llave. Y luego una palabra que no es más que un –hola, qué tal- le resulta un – te extraño – y una llamada perdida no es más que eso, y no – estoy pensando en ti -.
MI amiga, se la pasa soñando, escribiendo y no crece, aunque sea tan fuerte como para lidiar con una vida muy dura y difícil y sea capaz de enfrentarse a la realidad y defender a los suyos como una leona hambrienta.
Por eso quiero para ella, un espanta pesadillas, esas cositas redondas que las atrapan. Con un poco de suerte, todos esos fantasmas desaparecerán cuando el sol aparezca cada mañana.
waooo,me encanta como escribes.Es la primera vez que entro a este blog y para ser sincera hace rato que no encontraba a nadie que me conmoviera con sus palabras,que lograse mantenerme deleitada con cada palabra.Felicidades y ojala pudiese contar con tu amistad.
Gracias por tus palabras, todo el que está acá es mi amigo, tenlo por seguro. Vuelve y nos seguimos comunicando,
No es tan diferente tu amiga de otras que conozco, así que no está sola al menos en lo que a similitudes se refiere. Los fantasmas que la asustan son también su compañía ¿por qué habría de perderlos y quedarse más sola de lo que ya está? Mejor hacerle un trueque: fantasmas por personas, miedos por alegrías, pesadillas por sueños convertidos en realidad.
Así que mejor regálale un cometa, o una velita de cumpleaños, una galleta de la fortuna o una lámpara de aladino. Mejor que pueda pedir un deseo y que se le cumpla. Es lo que yo querría.
Si shere, mi amiguita es así…sería muy feliz con una lampara de aladino. o con una planta venenosa.
El día que tu amiga deje de ver fantasmas se encontrará prisionera de una realidad tan aplastante y triste que la matará,
Vivir arropada con sus fantasías la hace feliz, eso es lo que importa.
Es que mi amiga tiene que aprender a ser feliZ con la triste y aplastante realidad…pero me imagino que a estas altura no aprenda…