Se miran, presienten; tropiezan. Desconoce su nombre y a que se dedica, le deslumbran los colores de su rostro y el pelo ensortijado; su frente despejada y los vaquero ajustados. Siempre se encuentra su mirada, se saludan sin hablar ni movimientos de cabezas ; nada les descubre quienes son y que hacen, pero se saben ahí cercanos. En la cola del comedor ella lo encuentra, descubre su mirada y no hay sonrisas ni un qué tal, todo es nada; pero él se sabe a descubierto, como ella.
Es sólo uno más, pero siempre puede verlo. Quiere pensar que es parte de la química o física. Es algo que siempre encuentra, como uno en un millón o la aguja en el pajar. No importa. El existe como el fetiche que se ha inventado para ver la diferencia de los días y luego lo olvida. Se olvidan.
Y es que siempre hay alguien, inexplicablemente anónimo que te hace ver la vida diferente. Puede ser él que espera la guagua junto a ti; el vendedor de rositas de maíz o el vecino nuevo con el que no te atreves a cruzar palabras.
Eso me demuestra que las ilusiones y descubrimientos mueren con la tumba, van a la misma caja dónde tus restos reposarán por todos los tiempos, que nada ni nadie es tan viejo como para no sentirlo.
¡Ay fetiche, objeto de adoración mía!
Siempre hay alguien inexplicablemente ajeno que te hace perder el rumbo, horas para ver sin detenerte en saber, que hay detrás; quién será.
¿Y tú tienes algo así? ¿Alguien que no sabes que es, pero está ahí?; distante y eterno.
Háblame, intercambiemos, desde mi Sur
Ah sido un escrito asombroso, has descrito en el la historia por la que está pasando un amigo mio en estos momentos, te prometo que lo compartiré con el. Sigue así iluminándonos con esa magia que envuelve todo lo que escribes. Gracias por robarnos por unos minutos de la realidad y llevarnos a este mundo de encuentros y desencuentros donde descubrimos “el otro yo “
Gracias por llegarte al sur, como ves las historias siempre nos unen…suerte para tu amigo para que dejen de ser extraños. Vuelve.
Bueno, al fin se puede entrar a Reflejos!
Todos tenemos algo como eso, una persona de la que no sabemos ni el nombre, pero que extrañamente nos ilumina unos instantes del día. Y que cuando desaparece nos preocupa y le echamos de menos.Se convierten en objeto de fantasías, hacemos de ellos nuestro amor ideal, sin siquiera saber cómo suena su voz, pero es tan fuerte lo que provoca una ilusión que se llega a convertir en algo nuestro.
Vivi! Esto me hizo recordar un escrito que dejé una vez en mi blog, no sé si lo recuerdas, el de la chica que deseaba al chico del trabajo y termina entregandose a él en la oficina (Desahogo)
En mi opinión tienes razón, todos tenemos (o hemos tenido alguna vez) esa persona lejana a la que miramos y admiramos con la ilusión de “¿podría ser algun día, de algún modo?”, y mientras la vida va y viene tu te quedas ahí, rondándole de vez en vez.
Como pides vivencias personales te diré que sí, yo tengo alguien así, uno extraño y desconocido, de ese tipo de solo cruzar miradas y nada más, me gusta cuando se pone cierta pieza de vestir, disfruto cuando vengo caminando de frente y percibo que me mira fijo. Suelo sentir que él me advierte tanto como yo a él, pero al final ha sido solo eso, el mirarnos cuando nos cruzamos a veces en las mañanas. Es como dices, no sabe quien soy yo yo no sé quien es, pero nos conocemos de ese modo, del modo de no pasar inadvertidos el uno al otro.
Me gustó esta entrada, muy a lo Lulú, de amores inciertos, escondidos, deseados y soñados pero lejanos, que nos dejan con la incertidumbre de si podremos tocarles o no.
Un kiss, Lula
Gracias Shere por tus siempre bienvenidos comentarios, pero yo no lo llamaria amor…generalmente no te animas(no se anima) a interactuar…jejee, entonces dejaría de ser lo que es!!!
Un beso, y seguimos en sintonía.
Pero Lu, amores hay de muchos tipos, en el amor platónico nunca hay interacción directa, nunca tocas, e igual sigue siendo un tipo de amor. De cualquier modo, cuando decimos “amores” (no amor) nos referimos a esa conexión que va más allá de una amistad, esa que nos mueve las mariposas y nos hace anhelar los cuerpos, no se trata de estar enamorados, sino de vivir emociones que trascienden la simple amistad o el mero conocerse. No se, es como lo veo.
Y te digo, a mi no me molestaría que mutara, que dejara de ser lo que es para convertirse en un amor tangible ¿por qué desear de lejos cuando puede tenerse cerca, dentro? Al final, siempre podremos econtrar otro “extraño” al doblar de la esquina. ;)
Kiss!
Tienes razón, pero para mí el platónico es aquel objetivamente improbable, como mi amor por mis protagonistas de series, nuestra disputa eterna por John nieve..ejejej. Mi fetiche como le llamo, no llega a las mariposas ni al deseo del conocimiento ni al anhelo, es sólo eso…te veo, te veo…..