El Duende
Carlos, se llama Carlos Enrique tiene casi cuatro años y espera un no sé qué que llegará de algún lugar no se sabe cuándo. Mientras espera, el niño prefiere jugar a las escondidas con los perritos y las mariposas o buscar el duende que habita el tronco seco del cedro que hay su patio.
Al duende nunca le ha visto, a las mariposas sí. Las hay por montones detrás de la casita del patio. Sus alas se confunden con las margaritas que se atreven a subir la vieja cerca de alambre. Si se las espanta vuelan llenas de colores como los arcoiris que le salen a los perritos.
Siempre va y le lleva un pedazo de pan o un caramelo al duende. Va muy calladito para no espantarlo, lo deja en el suelo y se sienta un rato. Le habla sin hablar, de los colores, de sus perros, su Dragón que vuela y canta y no es Sinsonte y está muy feliz, aunque su amiguito César se burle de que aún no llega muy lejos volando y que tiene complejo de pájaro. Ese César es muy malo, por eso todas las noches, se hace pipí en la cama y su mamá que no es comprensiva como la suya, le castiga a no dejarlo jugar.
Así se pasa horas Carlitos hablándole al duende, su mejor amigo, porque es el único que no le pregunta dos veces que es lo que dice, solo su mamá Eva Luna lo entiende tan bien, tanto que muchas veces se adelanta y cuando va a pedirle agua, ya se la trae en lo que antes fue un pomo de Vinagre . A Carlos le gusta mucho intentar dibujar, porque aún es pequeño, tanto que tiene locos a todos, por los graffiti que ha dejado en algunas paredes, a su mamá no le importa y le divierte el arcoiris que ha dibujado (por suerte) en la puerta de su cuarto.
Su mamá, tiene una alfombra mágica, en ella salen de recorrido por su pequeño planeta. César nunca quiere subir, porque le tiene miedo a casi todo, hasta a las pelusas que suelta la Ceiba vieja, ese es el momento que aprovecha Carlitos, para echarle lagartijas en el pantalón, aunque a su mamá no le gusta, pero se ríe muy bajito, cuando el no está mirando.
Esta mañana el duende por primera vez le ha dado una señal, le dejó una bolsita verde… aún no se atreve a abrirla, la mira y la mira, aunque ella da saltitos, vuela unos centímetros…!seguro que si César la ve, se muere del susto!. Decide esperar a su mami, ella siempre sabe que hacer, sobre todo con los imprevistos.
Cuando llega, lo mira dulcemente, con esos ojos tan iguales, brillantes, con esa mirada de miel y hierba buena, y ya le habla sin palabras, le da la certeza de haber hallado ese día, en aquel lugar, lo que tanto tiempo había esperado.