Hace tiempo…
Haciendo limpieza en mi pc, me tropece con una de las primeras cosas que escribí para mi Carlos, leerla me sorprende de encontrarlo realmente crecido. Han pasado los años y ambos hemos cambiado; es capaz de hacer muchas cosas sin mi ayuda, y justo en estos momentos en lo que me encuentro en un dilema profundo, la relectura me confirma que mas que todo, se merece siempre y por difícil de enteder: La verdad.
A todas las madres,
y en especial como siempre a mi luz: Carlos Enrique
Te miro y sé cuanto has crecido. Lo noto en tus pantalones cuando ya no rozan tus pies. Lo oigo en tus respuestas cortantes que tanto me gustan, y sin embargo me resisto a entenderlo.
Mi niño ya no me busca para entrar al cuarto o al baño cuando está oscuro – ya alcanza a encender la luz – aunque tenga que ponerse en puntita de pie; ya no me despierta en mitad de la noche para hacer pipí, ahora me despierto horrorizada al no verlo, para descubrir que regresa soñoliento del baño y retomar su posición preferida de sueño.
No me preguntes más, cuando vas a morirte o porque papá no está aquí. -No quiero- no tengo más respuestas que la verdad y a veces duelen. Vas a morirte como todos, pero aún falta mucho, tendrás que ser más viejo que Abuelo y no se va al cielo, sino al Cementerio.
Mi niño va encontrando sus respuestas y entiende porque a los pollos no se les dan baños de agua o porque el refresco no es más rico cuando le echas agua caliente para que haya “más”. Pero le cuesta entender que tengo que trabajar, dejarlo solo y no estar para llevarlo al círculo. No entiende que si tiene un peso “amarillo” no le alcance para comprarse una paletica cubierta de chocolate en su envoltorio azul plateado.
Muchacho mío, no creas que por darme besos a montones, vas a librarte del castigo de no ver los muñe; no vas a derretirme como mantequilla diciéndome “mamita de mi alma”. ¡Estás castigado!, el libro no lo rompió el cocodrilo y mucho menos partió a la mitad todos los colores.
Tengo que darme la vuelta para no morirme de la risa, serán bobas todas las madres-viejas? No soporto verlo llorar, aún cuando sea en respuesta al merecido castigo, mucho más cuando me busca dormido para saber que aún sigo ahí y pedirme que no me vaya. Es más mío cada día, cuando le quiero y cuando le castigo. Lo dejo ganar en cada juego aunque a ratos no tengo que esforzarme para ello.
Carlos Enrique: Me negaría a mi misma, con tal que no crezcas, para llevarte de la mano por la vida y tenerte pegado a mi mano o al hombro que aún no alcanzas; para servirte de faro y sustento, pero no es justo.
Sé libre –crece- hazte hombre. Esta que soy siempre va a esperarte.
